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Mostrando entradas de junio, 2015

Juegos de palabras /05

Pese a lo tarde que era Montenegro apenas tenía sueño, por lo que en vez de irse a la cama se había preparado otro gin tonic para matar el rato frente al televisor mientras esperaba a que le venciese el cansancio. Así pues, todavía estaba despierto - y en pie - cuando alguien golpeó enérgicamente la puerta de entrada. Un rápido vistazo por la ventana le permitió identificar a su visitante que, como no, era una vez más Andrea. Y algo en la expresión de la joven le hizo sospechar que aquella no era una mera visita de cortesía.
- ¿Pero tú eres idiota, o qué te pasa? - exclamó esta por todo saludo, una vez hubo franqueado el umbral.
- Anda, que sorpresa. Esto de abrir la puerta y encontrarte en mi porche está empezando a convertirse en una costumbre. No te cortes, como si estuvieras en tu casa. Por cierto ¿dónde has dejado a tu hermana siamesa?
- Ah, no. Ni se te ocurra - replicó Andrea, furiosa -. Estoy hasta las narices, por no decir algo peor, de este jueguecito en el que yo digo algo y …

Juegos de palabras /04

- ¿Estás loca? Ni se te ocurra largarte y dejarme aquí sola. Además, que yo recuerde, eras tú la que estaba riéndole las gracias todo el rato. En cualquier caso, da lo mismo. Aquí nadie va a acostarse con nadie hasta que terminemos de hacer lo que hemos venido a hacer.
- Eso ya lo has dicho hoy por la tarde. ¿Te das cuenta de que últimamente no haces más que repetirte?
- ¿Quieres callarte? - preguntó Andrea, aunque en realidad era una orden más que una sugerencia.
- Ya me gustaría, pero deben de estar esperando a que el donante se muera de viejo para prepararme el solomillo - suspiró la fotógrafa, mientras se llenaba la boca con otro bollo de pan. Por un momento Andrea se planteó añadir algo más, aunque sólo fuese para tener la satisfacción de poder decir la última palabra, pero finalmente optó por dejarlo correr y echar otro largo trago de su copa de vino. Apenas había terminado de bebérsela cuando Montenegro regresó, con una expresión pensativa en su habitualmente hermético rostro.
- ¿…

Juegos de palabras /03

Ya en la habitación, las jóvenes tuvieron que enfrentarse a un nuevo e inesperado problema: que ponerse para la cena.
- Oye ¿tú has traído algo más de ropa? - preguntó Andrea, mientras repasaba por enésima vez el contenido de su mochila.
- Sí, claro. Otro vaquero y otra camiseta, para la vuelta.
- ¿En serio? ¿Es que no tienes nada más que vaqueros y camisetas?
- ¡Como se nota que no has visto mi nómina! Me sobra mes al final de cada sueldo. Además, para un viaje de tres días no era cosa de traerse todo el armario - replicó Marina, desplegando sobre su cama una colorida camiseta de Desigual. Andrea, por su parte, tras mucho pensárselo, terminó decantándose por un sencillo conjunto de shorts vaqueros, camiseta y chaleco bordado de H & M.
- Esto tendrá que valer. Después de todo, no creo que sea un lugar tan elegante como para tener que ir vestido de etiqueta - musitó, sin sospechar que en breve tendría que tragarse sus palabras.
En efecto, el palacio de Cerdanya era un si…

Juegos de palabras /02

Al rehabilitar la vivienda el escritor había hecho construir una terraza-mirador al otro lado, desde la cual podía disfrutar de una preciosa vista de la cordillera pirenaica por la parte gerundense. Pese a que ya era mediodía, y el sol estaba en lo más alto del firmamento, el viento que soplaba desde las montañas era fresco, y Andrea empezaba a lamentar no haber cogido su sudadera antes de salir del hotel. Al menos, era agradable sentir el calor de la taza de café entre sus dedos, pensó, mientras cruzaba los brazos sobre el pecho en un vano esfuerzo por disimular los temblores que empezaban a recorrer su cuerpo. Marina, en cambio, parecía feliz, con el rostro orientado hacia arriba y los ojos cerrados, como si estuviese en la playa. Su larga melena rubia colgaba a sus espaldas, mientras que la luz del sol arrancaba destellos metálicos a los piercings que decoraban su rostro, bajo la nariz y en la ceja derecha. El escritor, por su parte, se había acomodado en una vieja mecedora de mad…